• Los jóvenes ven esta opción como un recurso contra la precariedad e inestabilidad del mercado laboral
  • Entre otras, se opta a bombero, policía o técnico de hacienda

Sin trabajo. En casa y pensando qué hacer. Una vez acabados los estudios -sea cual fuese el nivel- y pasada la veintena, los jóvenes planean sobre el mercado laboral para saber cual es la mejor opción a la hora de salir del hogar familiar. Al menos para buscar una estabilidad. Con un mercado frágil, donde los contratos no tienen demasiado recorrido y la temporalidad parece infinita, la búsqueda de un empleo fijo parece imposible. Al menos en la empresa privada. La perspectiva de trabajo para toda la vida solo parece estar abierta a un tipo de empleado: aquel que apruebe unas oposiciones.

Los conocidos como ‘millenials’ saben que un futuro seguro está complicado en un mercado cada vez más global y liberalizado. Por mucho que desde pequeños les prometieran que si estudiaban tendrían trabajo y que, cuando ellos salieran de la universidad, la economía ya se habría recuperado. Solo en parte. Para ser bombero, policía, militar, guardia civil, técnico de hacienda, enfermero, médico, juez, profesor o incluso periodista en el sector público hay que pasar una serie de pruebas y requisitos. Cada vez son más las academias que preparan a los aspirantes. Por una sencilla razón: hay demanda. Otros tienen su propio profesor. Hacerlo libremente es la opción de otros. De hecho, el año pasado la Oferta de Empleo Público para funcionarios del Estado fue la mayor desde el inicio de la crisis, cubriéndose hasta un 85% de la tasa de reposición. El objetivo no es otro que comer “de la olla gorda”, como llaman algunos a trabajar para el Estado.

“Aquí, estudiando, como siempre”, es lo primero que contesta Lorena Sánchez. Se prepara para opositar de cara a un puesto como técnico de Hacienda -institución que este año abre 5.000 plazas- tras estudiar la carrera de Gestión y Administración Pública en el Campus de Jerez de la UCA. Comenzó a prepararse a través de una academia en octubre del pasado año y lo que le llevó a buscar un puesto fijo para toda la vida fue su experiencia en la empresa privada. Después de haber trabajado incluso antes de acabar sus estudios, observó que el ámbito privado no se encontraba en su mejor momento y ahora ha decidido probar suerte en el ámbito público. “Tienes un trabajo fijo, un sueldo asegurado, un horario establecido, tus vacaciones y trabajas en algo que te gusta y para lo que has estudiado”, dice Lorena, que también siente que “estás aportando tu granito de arena” porque “ayudas a la gente”.

El examen al que debe presentarse consta de tres partes diferenciadas. En la primera tendrá que superar una fase inicial donde demostrará sus conocimientos sobre derecho civil, administrativo, mercantil y constitucional. Posteriormente, si aprueba, pasa a una segunda fase en la que superar pruebas de contabilidad y economía. Por último, un examen de aspectos tributarios generales y específicos. Si lo aprueba todo, luego hará una lectura de parte de la última prueba.

“Solo aprueban las plazas que hay”, expone Lorena. Es decir, no se entra en bolsa alguna, ni se accede de forma interina. O tienes plaza o no la tienes. En caso afirmativo, “habría que ir a Madrid a realizar un curso que también tienes que aprobar”, aunque ahí ya se estaría dentro, cobrando parte del sueldo y no costaría nada a los aspirantes. Por último, solo queda esperar a que te asignen la plaza.

Estas oposiciones se suelen aprobar en dos o tres años. En las academias se tarda hasta 24 meses en explicar todo lo relacionado con los temas que entran en el examen, aunque si se tienen nociones básicas anteriores los plazos pueden acortarse. También alargarse. “Yo lo intentaré en dos años, aunque puede que sean tres o cuatro. Si no, desistiré, porque ¿con qué edad voy a volver al mercado laboral?”, expone. Asimismo, tampoco le preocupa demasiado no engrosar su currículum mientras está estudiando las oposiciones: “Las empresas saben que si te has preparado para estas oposiciones tienes una buena formación. Te ayuda mucho, sobre todo si quieres entrar en una gestoría, donde saben que estamos muy preparados”.

De hecho, hay quien renuncia a un contrato temporal para prepararse unas oposiciones. El futuro asegurado llama más que unos meses de sueldo mientras se reside en el domicilio familiar. Sumar horas de trabajo y de estudio es complicado. De hecho, se trata de una labor bastante difícil, pues el estudio tiene que estar muy planificado para que ofrezca los éxitos esperados. Normalmente, aquellos que estudian oposiciones se sientan ante sus apuntes todos los días de la semana. Excepto uno o dos, dependiendo de la dificultad de la oposición, que se suelen tildar de “descanso del guerrero”. Además, hay oposiciones en las que las pruebas no solo son mentales, sino que también las hay físicas. Aquí, el estudio debe compaginarse con el entrenamiento.

Así lo tuvo que hacer Vicente González. Cuando acabó el ciclo de Proyecto de Edificación en el instituto de La Granja, trabajó seis meses en uno de los mercados más mermados por la crisis, la construcción, como delineante. A partir de ahí, comenzó a prepararse para ser bombero. Se apuntó a una academia y estuvo dos años viendo el temario para finalmente hacer las pruebas el pasado mes de febrero: “Pero solo había 9 plazas y los que ya estaban en bolsa tienen preferencia”.

Y es que otro de los problemas de las oposiciones es que no se oferten plazas suficientes o ni siquiera se abran. Le ha ocurrido a los bomberos de la provincia -menos de una decena de plazas en las últimas pruebas a pesar de que existe un gran déficit-; también a aquellos que quieren ser policía local en Jerez -no se convocan oposiciones desde 2008- y los últimos han sido los maestros, que sufrieron un tremendo varapalo por las plazas convocadas por parte de la Junta de Andalucía para este 2017.

Pero, ante los problemas solo queda extraer soluciones. Vicente se planteó cambiar de objetivo. Se apuntó a las pruebas del Ejército, alistándose en Aire, un puesto al que ya había optado anteriormente, pero para sin prepararse. Se presentaron 9.000 personas a la elección y obtuvo la puntuación número 41. Tiene plaza en el destino elegido y solo le queda hacer las pruebas físicas, menos duras que las que estaba acostumbrado a preparar para ser bombero. “Aquí son abdominales, flexiones y carrera. Poco más”.

Como ya se refirió, la preparación de las pruebas físicas también es importante. Vicente se preparaba para las de bombero acudiendo a clases de crossfit, corriendo por su cuenta y acudiendo a natación. En ocasiones, no siempre se hacen los ejercicios necesarios para pasar las pruebas, sino que simplemente se hace para mejorar las condiciones físicas. “No tenía que hacer natación, pero es un ejercicio que te da una resistencia bastante grande y te ayuda en las demás pruebas”, destaca.

El objetivo es tener un puesto asegurado. Un clavo ardiendo al que agarrarse en caso de que el paro ya tenga ganada media batalla a unos jóvenes que pasan demasiado tiempo en casa. Tener unos recursos propios que gestionar es una de las asignaturas pendientes de una generación cuyos exámenes y estudios parecen alargarse hasta las oposiciones para encontrar un puesto fijo.

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